No pronuncies
en secreto palabra alguna que no puedas repetir ante mil personas. Antes
de pronunciar un discurso, aunque te lo reclamen con insistencia, pregúntate
si lo que vas a decir es más importante que tu silencio.
Nunca te enorgullezcas del éxito de tu discurso. Piensa en el
número de ignorantes que hay en toda asamblea.
Recuerda que el único recurso definitivo es la espada. Que sólo
se tiran piedras al árbol que está cargado de frutos.
Que cuando mueras, sólo te llevarás aquello que hayas
dado. Que para el desgraciado, el trabajo es el único remedio
eficaz.
Que es de locos discutir con una mujer: porque, ¿quién
discute con el agua, el fuego o el viento? Que si hoy una mujer te dijo
no,
mañana, sin duda, te dirá sí.
Entre estas dos palabras hay un puede
ser, que es lo mejor del amor.
Hiere la cabeza de la víbora con el puño de tu enemigo
y lograrás un bien. Porque si tu enemigo vence, morirá
la víbora. Y si lo pican, tendrás un enemigo menos.