Isotipo de la Fundación de Poetas
La Blinda Rosada
INGLATERRA
La lista de la Fundación de Poetas
Poesía inglesa
     
MONÓLOGOS
Macbeth
Hamlet
Enrique V
La tempestad
Rey Lear
WILLIAM SHAKESPEARE
(1564 - 1616)
 
   

Poeta y dramaturgo inglés. Nació en Stratford-upon-Avon.
Obras principales: Macbeth, Hamlet, Romeo y Julieta, La tempestad.

 
   
MACBETH
Volver al índice de monólogos
   
Acto V, Escena V
 
El mañana y el mañana y el mañana
se arrastra por la estrecha senda
día tras día, hasta la última sílaba
del tiempo registrado
y todos nuestros ayeres
han iluminado a los tontos
el camino hacia la muerte polvorienta.
¡Apágate! ¡Apágate! breve candil
La vida no es más que un paseo en la sombra
un pobre actor que se pavonea
y gasta su tiempo sobre un escenario
para no ser escuchado nunca más.
Es un cuento dicho por un idiota
lleno de expresión y colorido
pero que nada significa.
 
 
HAMLET
Volver al índice de monólogos
     
 
Acto III, Escena I
 
 
Ser o no ser, —ése es el dilema:—
¿es más noble sufrir calladamente
los disparos y flechas del atroz destino
o lo es tomar las armas contra un mar de problemas
y acabar con ellos por la fuerza? —Morir,—dormir,—
nada más; ¿y por un sueño decir que terminamos
con las penas y los miles de golpes
que la carne ha heredado? —es la consagración
que todos deseamos. Morir, —dormir;—
¡dormir! Tal vez soñar: —Sí, he ahí el truco;
porque ese sueño de la muerte que los sueños tejen
una vez que nos hemos despojado de nuestra envoltura mortal,
debería obligarnos a detenernos: ése es el asunto
que hace calamitosa una vida tan larga;
¿quién, si no fuera así, soportaría el látigo y la humillación del tiempo,
la violencia del tirano, la ofensa del hombre orgulloso,
la herida del amor contrariado, el retraso de la justicia,
la desfachatez del soberbio, y los atropellos
que recibe el mérito pacientemente,
cuando él mismo puede provocarse la muerte
con un punzón desnudo?
 ¿Quién toleraría la opresión, sudando y gimiendo
bajo el peso de una vida humilde
si no fuese por el temor de que existe alguna cosa
más allá de la muerte —el país desconocido
del que ningún viajero regresa— que nos sumerge en la duda
y nos hace sufrir los males que nos rodean
antes que ir a buscar otros de los que no tenemos
ningún conocimiento? La consciencia nos hace cobardes
a todos nosotros: así, el tinte natural de la resolución
se ensucia con el pálido barniz del pensamiento;
las empresas de mayor importancia cambian de curso,
y por esta misma consideración, no se llevan a cabo
y se convierten en un esfuerzo inútil. Pero...
¡la hermosa Ofelia! Niña,
que en tus oraciones sean recordados todos mis pecados.

 
 
ENRIQUE V
Volver al índice de monólogos
     
 
Acto IV, Escena III
 
 
Si estamos marcados para morir, somos demasiados
para constituir la pérdida de nuestra patria; pero si vamos a vivir
cuantos menos hombres seamos más grande será el honor.
¡Dios! Te lo ruego, no pongas ni un sólo hombre más.
Por Júpiter que no ambiciono el oro
ni me importa aquél que se alimenta a mis expensas;
no me molesta que otros usen mis prendas;
cosas semejantes no habitan mis deseos:
pero si ambicionar el honor es un pecado
soy el pecador más grande que ha existido.
 
 
LA TEMPESTAD
Volver al índice de monólogos
     
 
Acto IV, Escena I
 
 
Mira, hijo mío, de otra manera,
así estuvieras perturbado muéstrate alegre,
nuestros sueños han concluido. Nuestros actores
tal como te lo predije, eran espíritus y
se han desvanecido en el aire, y
como la tela sin trama de esta visión
las torres envueltas por las nubes, los bellos palacios,
los templos solemnes, el planeta mismo
y todo lo que le pertenece, se disolverá;
este desfile insustancial no dejará ni una huella detrás.
Estamos hechos de la materia de los sueños
y nuestra pequeña vida está rodeada por un sueño. 
—Estoy molesto; soporto mi debilidad;
mi viejo cerebro está turbado,
pero que no sucumba ante la enfermedad.
Si te place, retírate a mi cuarto
y descansa. Daré un largo paseo
para aquietar mi mente turbulenta.
 
 
REY LEAR
Volver al índice de monólogos
     
 
Acto II, Escena IV
 
 
¡Oh, no hay que razonar sobre la necesidad!
Nuestros más viles mendigos
son superfluos en las cosas más pobres.
No brindéis a la naturaleza más de lo que la naturaleza pide,
y la vida del hombre será más barata que la de las bestias.
Eres una dama, si sólo para ir abrigada fueras elegante,
la naturaleza no tendría necesidad de los lujosos vestidos
que tan poco calor te ofrecen. Pero en cuanto a la verdadera necesidad,
¡oh, cielos, dadme la paciencia, la paciencia que necesito!
¡Vedme aquí, dioses, un pobre hombre viejo,
tan lleno de pesares como de años, destruido por ambas cosas!
¡Si sóis vosotros los que comandáis los corazones de estas hijas
contra su padre, no me hagáis tan idiota como para soportarlo sin queja;
encendedme de noble ira y no permitáis que las armas de las mujeres,
las gotas de agua, manchen mis mejillas de hombre!
¡No, furias desnaturalizadas! Tomaré tal venganza sobre vosotras,
que todo el mundo verá...; haré cosas tales...;
No sé lo que serán, pero serán el terror de la tierra.
¿Pensáis que voy a llorar? No, no lloraré, aunque motivos no me faltan.
Pero este corazón se romperá en mil pedazos antes de que me veáis llorar.
 
     
  (Traducción: María Fernanda Celtasso)  
     
 

Los sueños de la razón engendran monstruos.
GOYA

Cabecera de página