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GALES
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Poesía galesa
     
POEMAS
Y la muerte no tendrá señorío
Desposorio de una virgen

 

DYLAN THOMAS
(1914 - 1953)
 
   

Poeta, escritor de cuentos y dramaturgo galés. Nació en Swansea y murió en Nueva York (EEUU). Famoso por su brillante imaginería verbal y por su canto a la belleza natural, es considerado el mejor recitador de todos los tiempos.
Obras principales: Dieciocho poemas, Muertes y entradas, En el sueño campestre, Retrato del artista cachorro, Bajo el bosque lácteo.

 
   
Y la muerte no tendrá señorío
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Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Bajo las ondulaciones del mar
los que yacen tendidos no morirán aterrados;
retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,
amarrados a una rueda, aún no se romperán;
la fe en sus manos se partirá en dos,
y los penetrarán los daños unicornes;
rotos todos los cabos ya no crujirán más;
y la muerte no tendrá señorío.

Y la muerte no tendrá señorío.
Aunque las gaviotas no griten más en su oído
ni las olas estallen ruidosas en las costas;
aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten
ya más la cabeza al golpe de la lluvia;
aunque estén locos y muertos como clavos,
las cabezas de los cadáveres martillarán margaritas;
estallarán al sol hasta que el sol estalle,
y la muerte no tendrá señorío.

 

 
     
 
Desposorio de una virgen
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Al despertar sola entre una multitud de amores
cuando la luz de la mañana sorprendía
en el abrir de sus ojos extensos como la noche su dorado ayer
de él dormido sobre su iris y el sol de éste día
altaba hasta el cielo desde su regazo
la milagrosa virginidad fue tan antigua como los panes y los peces
aunque el momento de un milagro es un relampaguear sin fin
y los astilleros de las huellas de Galilea esconden una flota de palomas.
Las vibraciones del sol ya no codiciarán más su almohada profunda
como el mar dónde un tiempo desposóse sola
su corazón todo ojos y oídos
labios que cogían la avalancha del espíritu de oro
que ensortijaba su hueso mercurial con su corriente
y que al pie de sus ventanas izaba su bagaje de oro
pues duerme un hombre donde cayó el fuego
y ella experimenta por su brazo ese otro sol
el celoso fluir de la sangre sin rival.

 

 
     
 

Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes.
TRUMAN CAPOTE

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