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La
Blinda Rosada
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CANTANTES
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La
lista de la Fundación de Poetas
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SILVIO
RODRÍGUEZ
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Cofundador,
con Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú, Eduardo
Ramos, Sergio Vitier (y aunque nadie sabe quién la bautizó
así) de la Nueva Trova, Silvio Rodríguez ha aportado su
indudable prestigio a un movimiento que revitalizó la canción
cubana y la catapultó al plano internacional. No obstante, aun
dentro de un núcleo tan fermental, con el que siempre se sintió
identificado, Silvio es de un talante inconfundible.
Curiosamente, su voz no es cálida ni grave ni particularmente
seductora, sino más bien aguda, de un timbre casi metálico
y sin embargo frágil. Al escucharlo, uno llega a temer que en
cualquier momento se le quiebre, y ese riesgo (que en su caso no es
deliberadamente buscado sino que más bien lo asume como algo
irremediable) también forma parte de su extraño atractivo.
Con características que en cualquier otro cantante serían
anticarismáticas, Silvio funda precisamente su carisma. Quizás
el secreto resida en que siempre trasmite una gran sinceridad, una honestidad
a toda prueba, un no aparentar lo que no es, y esa actitud, a la que
el público accede sin intermediarios, significa una bocanada
de aire fresco en un ámbito, como el del espectáculo,
por lo común tan especulativo como artificial.
Salvo en casos excepcionales, Silvio es autor de la letra y la música
de sus canciones. Como en los ejemplos de Pablo Milanés, Chico
Buarque, Viglietti, Serrat, Aute y no muchos más, esa doble autoría
otorga a sus producciones una unidad esencial. Sean o no el resultado
de un desarrollo paralelo, letras y música aparecen como gemelas
(jimaguas, dirían en Cuba), copartícipes en el acto de
parición.
Fundamentalmente las letras de Silvio, sobre todo las que crea a partir
de una duramente adquirida madurez, tienen un nivel textual tan afortunado
que conservan su validez poética aun sin el soporte básico
de la música. Alguna vez he sostenido, y su trayectoria posterior
corrobora mi diagnóstico marginal y profano, que Silvio es un
poeta que canta, y más aún: es uno de los poetas más
talentosos de su generación.
Mario
Benedetti
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Si fuera
diez años más joven, qué feliz
y qué descamisado el tono de decir:
cada palabra desatando un temporal
y enloqueciendo la etiqueta ocasional.
Los años
son, pues, mi mordaza, oh mujer;
sé demasiado me convierto en mi saber.
Quisiera haberte conocido años atrás
para sacar chispas del agua que me das,
para empuñar la alevosía y el candor
y saber olvidar mejor...
Esta mujer
propone que salte y me estrelle
contra un muro de piedras que alza en el cielo
y como combustible me llena de anhelo,
de besos sin promesa y sentencias sin leyes.
Esta mujer propone un pacto que selle
la tierra con el viento, la luz con la sombra;
invoca los misterios del tiempo y me nombra.
Esta mujer propone que salte y me estrelle
sólo para verle,
sólo para amarle,
sólo para serle,
sólo y no olvidarle.
Con diez
años de menos, no habría esperado
por sus proposiciones y hubiera corrido
como una fiera al lecho en que nos conocimos,
impúdico y sangriento, divino y alado.
Con diez
años de menos, habría blasfemado
con savia de su cuerpo quemaría los templos
para que los cobardes tomaran ejemplo.
Con diez años de menos, hubiera matado
sólo para verle,
sólo para amarle,
sólo para serle,
sólo y no olvidarle.
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He estado
al alcance de todos los bolsillos
porque no cuesta nada mirarse para adentro.
He estado al alcance de todas las manos
que han querido tocar mi mano amigamente.
Pero, pobre de mí, no he estado con los presos
de su propia cabeza acomodada,
no he estado en los que ríen con sólo media risa,
los delimitadores de las primaveras.
No he estado en los archivos ni en las papelerías
y se me archiva en copias y no en originales.
No he estado en los mercados grandes de la palabra,
pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente.
No he estado enumerando las manchas en el sol
pues sé que en una sola mancha cabe el mundo.
He procurado ser un gran mortificado
para, si mortifico, no vayan a acusarme.
Aunque se dice que me sobran enemigos,
todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto.
Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado.
He preferido el polvo así, sencillamente,
pues la palabra amor aún me suena hueco.
He preferido un golpe así, de vez en cuando,
porque la inmunidad me carcome los huesos.
Agradezco la participación de todos
los que colaboraron con esta melodía.
Se debe subrayar la importante tarea
de los perseguidores de cualquier nacimiento.
Si alguien que me escucha se viera retratado,
sépase que se hace con ese destino.
Cualquier reclamación que sea sin membretes.
Buenas noches, amigos y enemigos.
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Ojalá
que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Ojalá
se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
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Siempre
que se hace una historia
se habla de un viejo, de un niño o de se sí,
pero mi historia es difícil:
no voy a hablarles de un hombre común.
Haré la historia de un ser de otro mundo,
de un animal de galaxia.
Es una historia que tiene que ver
con el curso de la Vía Láctea.
Es una historia enterrada.
Es sobre un ser de la nada.
Nació de una tormenta
en el sol de una noche,
el penúltimo mes.
Fue de planeta en planeta
buscando agua potable,
quizás buscando la vida
o buscando la muerte
eso nunca se sabe.
Quizás buscando siluetas
o algo semejante
que fuera adorable,
o por lo menos querible,
besable, amable.
Él descubrió que las minas
del rey Salomón
se hallaban en el cielo
y no en el África ardiente,
como pensaba la gente.
Pero las piedras son frías
y le interesaban calor y alegrías.
Las joyas no tenían alma,
sólo eran espejos, colores brillantes.
y al fin bajó hacia la guerra
¡perdón! quise decir a la tierra.
Supo la historia de un golpe,
sintió en su cabeza cristales molidos
y comprendió que la guerra
era la paz del futuro:
lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse
entre humo y metralla,
contento y desnudo:
iba matando canallas
con su cañón de futuro.
Iba matando
canallas
con su cañón de futuro.
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Si
en tu camino no encuentras a alguien mejor o igual que tú,
entonces sigue solo tu camino, con el necio no hay amistad posible.
SIDDHARTHA GAUTAMA
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