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La Blinda Rosada
 EDITORIALES
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Septiembre negro (Septiembre 2002)
 
     
 

Nunca peguntes por quién
doblan las campanas.
Doblan por ti.
John Donne

A un año del impresionante atentado perpetrado contra el World Trade Center y el Pentágono, los Estados Unidos parecen haber encontrado la excusa perfecta para aplastar los escasos países que se oponen a su política imperial. Consumada la inútil venganza contra Afganistán, llega ahora el turno de Irak. Libia, en la voz de Muammar Gadhafi, el otrora enemigo público número uno de Washington (rango que le arrebató el escurridizo Bin Laden), se acaba de apear del caballo —por prudencia o temor, lo mismo da— declarando que quiere aceptar la legalidad internacional. La vieja y confundida Europa, cada vez más deshilachada, carraspea estentóreamente en los rincones y en realidad no sabe qué posición tomar. Debemos sumar a todo esto, la inestabilidad de dos naciones con poderío atómico —India y Pakistán— frente al abismo de Cachemira, con sus capitales de invierno y verano como corresponde a un estado reconocido en el mundo entero por sus pulóveres. Desde este lado del mapamundi, los latinoamericanos concientes hemos aprendido a golpes quién paga los platos rotos en las fiestas de los ricachones. Y hay lecciones que no se deben olvidar, para bien o para mal. Una de ellas es que los acuerdos que hacen los gobernantes a espaldas de los pueblos nunca son beneficiosos para los pueblos, en primer lugar, y para los gobernantes con menor poder de negociación, en segundo lugar. Remember Falklands y la ayuda que te iban a prestar los yanquis, Galtieri. Otra lección, en este corporativo mundo, es que cambian los títeres (algunos porque pierden la cabeza) pero no los titiriteros.
El pueblo norteamericano, con el que todos los pueblos de latinoamérica tienen sobrados motivos para comprender con el corazón su dolor y sus temores, comienza a aprender penosamente estas lecciones que nadie debería olvidar: miles de desaparecidos nos igualan ahora en la angustia y la desolación provocadas por poderes que distando mucho de ser satánicos, son más bien tan cotidianos como la Coca Cola o el Citibank.

 
     
 
El director
 
     
 

La guerra es un asunto demasiado serio como para confiarselo a los militares.
PROVERBIO FRANCÉS

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