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Nunca
peguntes por quién
doblan las campanas.
Doblan por ti.
John
Donne
A
un año del impresionante atentado perpetrado contra el World Trade
Center y el Pentágono, los Estados Unidos parecen haber encontrado
la excusa perfecta para aplastar los escasos países que se oponen
a su política imperial. Consumada la inútil venganza contra
Afganistán, llega ahora el turno de Irak. Libia, en la voz de Muammar
Gadhafi, el otrora enemigo público número uno de Washington
(rango que le arrebató el escurridizo Bin Laden), se acaba de apear
del caballo por prudencia o temor, lo mismo da declarando
que quiere aceptar la legalidad internacional. La vieja y confundida Europa,
cada vez más deshilachada, carraspea estentóreamente en
los rincones y en realidad no sabe qué posición tomar. Debemos
sumar a todo esto, la inestabilidad de dos naciones con poderío
atómico India y Pakistán frente al abismo de
Cachemira, con sus capitales de invierno y verano como corresponde a un
estado reconocido en el mundo entero por sus pulóveres. Desde este
lado del mapamundi, los latinoamericanos concientes hemos aprendido a
golpes quién paga los platos rotos en las fiestas de los ricachones.
Y hay lecciones que no se deben olvidar, para bien o para mal. Una de
ellas es que los acuerdos que hacen los gobernantes a espaldas de los
pueblos nunca son beneficiosos para los pueblos, en primer lugar, y para
los gobernantes con menor poder de negociación, en segundo lugar.
Remember Falklands y la ayuda que te iban a prestar los yanquis, Galtieri.
Otra lección, en este corporativo mundo, es que cambian los títeres
(algunos porque pierden la cabeza) pero no los titiriteros.
El pueblo norteamericano, con el que todos los pueblos de latinoamérica
tienen sobrados motivos para comprender con el corazón su dolor
y sus temores, comienza a aprender penosamente estas lecciones que nadie
debería olvidar: miles de desaparecidos nos igualan ahora en la
angustia y la desolación provocadas por poderes que distando mucho
de ser satánicos, son más bien tan cotidianos como la Coca
Cola o el Citibank.
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