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Y
dijo Jesús:
Ved los lirios del campo como crecen:
no hilan ni tejen,
pero ni Salomón en toda su gloria
se vistió con semejante ornamento.
La Blinda
Rosada cumple su séptimo año desde su creación como
órgano informativo de la Fundación de Poetas. Nacida al
calor de la noche y del alcohol resulta lógico que rara vez haya
cumplido su cometido original. Durante ocho números de papel vagabundeó
por el desolado panorama de la cultura marplatense que la viera nacer,
visitó alcantarillas y despachos oficiales, escuelas de barrio
y facultades, refugios y tabernas; después eligió, para
morir, un día cualquiera bajo un cielo oscuro y tormentoso que
anunciaba tempestades demoradas.
Nadie pareció
advertir su penosa desaparición. Algunos académicos ineptos
sólo alcanzaron a lamentar la pérdida de citas propicias
para vestir sus discursos vacíos. Yo diría que el silencio
maduró la historia. Al tercer año, exacta parábola
del tercer día tomando en cuenta la distancia, La Blinda Rosada
volvió a la vida. En su nuevo formato, de orientación electrónica,
las dificultades se exageraron. Pero también se exageró
su alcance.
Al cabo del
tercer año en línea y con más de un millar de miembros,
su foro de discusión atestigua una idea imperfecta pero valiosa,
que requiere mayor esfuerzo por parte de todos los que directa o indirectamente
le damos vida a esta mínima expresión del universo que es
la blinda.
La intensa
participación en las marathones electrónicas anuales de
poesía y cuento, ya en su cuarta y tercera edición, respectivamente,
expresa el creciente interés por un evento que se convierte, paso
a paso, en un clásico de la red.
Con réplicas
de la publicación en Brasil, Italia, Inglaterra y próximamente
en Suecia, alentamos a todos los poetas del mundo a unirse en este proyecto
que reniega del poder y del mercado, y que sólo quiere hablar del
delicado placer de la escritura.
Quiero entonces,
en este cuarto año de existencia electrónica que iniciamos,
agradecer a todos amigos y enemigos por hacer de la blinda
un espacio mejor. A los primeros por su inagotable esfuerzo, espíritu
crítico y solidaridad. A los últimos por habernos marcado,
muy a su pesar, el camino a seguir.
Frente a
un mundo que se derrumba, no es poca cosa.
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