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Wallace
Stevens escribió -imagino una tarde despejada y de alma quieta- que
el poeta es el sacerdote de lo invisible. Si acaso esto no fuera más
que un tropo literario, si los poetas en verdad poseyeran esa capacidad
de revelar lo invisible, es un pésimo negocio el que se está
realizando al excluirlos de la esfera de producción de pensamiento,
condenándolos prematuramente a la más tenebrosa de las tumbas.
Afortunadamente, los poetas dejan cadáveres que se resisten a morir
y se vuelven incordiosos a la hora de enterrarlos. Baste recordar el terrible
e infructuoso esfuerzo de Franco por acabar con Federico. Los poetas cuando
son verdaderos, crecen y cantan más allá de la muerte. Y a
menudo, al igual que Gardel, cada día mejor.
En este momento, en el umbral del tercer milenio, cuando el desprecio por
la vida tiene las manos llenas, cuando el éxito económico
está por encima de cualquier aspiración y cuando aún
el arte mismo con frecuencia repite como un eco estúpido el discurso
de la muerte, son esos cadáveres obstinados en vivir los que acusan
y acorralan la palabrería hueca del poder.
Los buenos poetas casi nunca utilizan palabras complicadas, porque a diferencia
de los políticos en campaña que privilegian el arte de no
decir nada con la mayor cantidad de palabras, que basan la concreción
de sus objetivos en la impenetrabilidad de su retórica con el mezquino
propósito de llenarse los bolsillos, el poeta dice muy poco y ni
siquiera tiene bolsillos que llenar. Es que no busca, sino más bien
que encuentra. Necesita detenerse en los detalles mínimos porque
allí residen los signos y los secretos de la vida, ocultos bajo una
apariencia insignificante para el resto de los mortales. El poder necesita
eliminar y neutralizar a los auténticos poetas y reemplazarlos por
grotescas imitaciones que vociferen y propaguen su discurso cretinizante.
Poetas por venir: vuestro deber es la destrucción. La destrucción
del vacío que nos rodea, para que las artes retornen del exilio en
que se encuentran. Lo importante -al decir de otro gran poeta español-
no es llegar solo ni pronto, sino con todos y a tiempo. El arte es la más
exigente de las militancias porque nos ocupa tanto la vigilia como el sueño.
Aprovechemos estos tiempos. Y también que el poeta es el único
soldado que después de muerto, sigue combatiendo. |
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