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La Blinda Rosada
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Página de la Blinda durante los meses de censura
El peligro que viene (Junio 1999)
 
   

El 21 de febrero de 1999, La Blinda Rosada, sin comerla ni beberla, fue sacada del aire por una demanda judicial contra el propietario del sitio francés que la hospeda, Valentin Lacambre. Junto a la Blinda fueron silenciadas alrededor de 47.000 páginas que comparten el espacio físico-electrónico con ella. La demanda fue impulsada por una actriz porno francesa quien viera lesionado sus derechos por la publicación de una fotografía suya en una de las tantas páginas de dicho servidor, sin su correspondiente autorización ni pago de regalías; pago que en la mayoría de los casos opera como reparador de la "dignidad" perdida, dicho sea de paso.

La justicia francesa entendió, a falta de jurisprudencia específica, que dicha trasgresión debía encuadrarse en el contexto de las publicaciones impresas ordinarias derivando la responsabilidad hacia el editor puesto que no podía actuar contra el autor del hecho por carecer éste de identidad real. Es harto sabido que en el ciberespacio abundan las identidades virtuales no siendo necesaria la verificación de identidad real para la contratación de servicios gratuitos como en el presente caso. Por otra parte, la inexistencia de fronteras en el éter dificulta sensiblemente la persecución política o ideológica. Las publicaciones electrónicas difieren de las impresas fundamentalmente en la dinámica de funcionamiento. Éste mismo editorial puede ser alterado a los cinco minutos de haberse puesto en línea sin que queden pruebas de las modificaciones efectuadas, lo que hace imposible para el personaje que actúa como editor ejercer algún tipo de control sobre los contenidos de las muchas páginas que alberga. En este sentido la libertad de prensa en internet se presenta como absoluta.

Hoy, a tres meses de la clausura, la justicia francesa (muy a su pesar) ha comprendido la diferencia entre un libro y una página web decidiendo absolver de culpa y cargo a Valentin. Acoté que muy a su pesar, porque considero que la fotografía de marras no fue sino la excusa para cumplimentar el verdadero objetivo del estado francés: el silenciamiento de las opiniones alternativas e independientes. En especial aquellas en las que ejercer el control deviene tan complicado. Pudimos haber llevado la Blinda a otro lugar y desentendernos de este asunto que nos tocaba muy tangencialmente. Sin embargo no lo hicimos, porque advertimos el peligro que viene y para el que —como los jueces franceses en su fallido intento de censura— no estamos preparados.

Los embates contra la libertad de opinión arreciarán con nuevas formas legales de clausura que serán compartidas por otros estados que observan con preocupación la "anarquía" imperante en la red. Es posible que se creen comisiones especiales y organismos ad hoc que reciten el viejo cuento de la protección de los indefensos, de la niñez desamparada, de los valores sustanciales del sistema, de los santos evangelios, de la tradición, la familia, la propiedad, etc. Como latinoamericanos creo que ya hemos escuchado todos los cuentos y vivido en carne propia, además, sus trágicos finales.

Y como poetas trabajaremos para que los cuentos cambien, especialmente en el final.

 
     
 
El director
 
     
 

Nuestro cadáver no está en venta.
JEAN ARTHUR RIMBAUDVer autor

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