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Jemmy Button: La poesía en estado de rebelión (Mayo 1995)
 
     
  Era un indio yagán del que nunca sabremos su verdadero nombre. Fitz Roy lo bautizó Button porque consideró que la vida del miserable apenas si valía un botón de su vistosa chaqueta de almirante. Darwin, su gran amigo, compañero de razones y de viaje, decidió probar su fascinante y revolucionaria teoría con el pobre Jemmy, al que veía como un animal apenas más sobresaliente que un primate. Apenas. Ellos hablaban inglés y el infeliz bruto, una retahila de sonidos ininteligibles que no registraba ningún diccionario. Así fue como Jemmy Button, salvaje canoero, conoció las mañanas brumosas sobre el Támesis, ciertos placeres cortesanos, el buen comer y el mejor sexo de las cortesanas, los placeres mentidos de una burguesía incipiente, los inútiles cubiertos, y hasta una lengua que le sirviera para algo. El resultado de esta experiencia fue tan gratificante que decidieron devolver el salvaje a su tierra y a su gente. Jemmy, bien vestido y peinado para la ocasión, volvió a Tierra del Fuego con el propósito ajeno de educar a sus paisanos, de inculcarles una tradición cultural que había demostrado ser tan abierta, justa y comprensiva al punto de equiparar su humanidad al brillo del botón de una chaqueta. Difícilmente el indio haya escrito siquiera un verso alguna vez. A Jemmy Button no se lo recuerda por su producción literaria. Es más, ni siquiera se lo recuerda en absoluto. A no ser por la pequeña anécdota de su rebelión, cuando el salvaje, despojado de su vestimenta londinense y de sus buenas costumbres adquiridas, optó por reunir un nutrido grupo de amigos en pelotas y se dedicó a matar a cuanto blanco se atravesara en su camino, especialmente si vestía una chaqueta naval con hermosos botones dorados. Jemmy Button, sin quererlo, fundó las bases de la verdadera poesía latinoamericana, tantas veces amenazada, confundida, subestimada, acosada, transculturizada. Nuestro más sentido homenaje a nuestro presidente de honor, marginado maliciosamente de los manuales y talleres literarios por gente que nunca supo ni quiso mirar hacia adentro, ocupada como estaba en deleitarse con el esplendor ficticio de la cultura europea.  
     
 
El director
 
     
 

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JOAN MANUEL SERRATVer autor

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