| |
El creciente
y sostenido desarrollo de la informática, con la variedad de aplicaciones
multimedia que presenta, es un fantasma que parece preocupar a muchos,
especialmente a los amantes incondicionales del libro, que sienten una
nostalgia prematura por su desaparición. En realidad lo que está
desapareciendo es la imprenta. Y es que uno de los rasgos positivos de
esta revolución binaria es, precisamente, la posibilidad de publicar
de manera absolutamente autónoma. La Blinda Rosada es un buen ejemplo
de tal aseveración. Con programas editoriales expertos, operados
en una computadora de bajo costo, una impresora láser de mediana
resolución y una fotocopiadora de buena calidad, el sueño
de la editorial propia es una realidad. De alguna manera la tecnología
ha socializado la palabra impresa, hecho incontrovertible que los poetas
deben saludar entusiastamente antes que atacar. Aquellos que siguieron
de cerca la transformación de la informática, habrán
observado que hace algunos años los especialistas insinuaban que
el papelerío de las oficinas se iba a reducir de forma notable,
premisa falsa hasta decir basta: el consumo de papel ha aumentado considerablemente
y de hecho ocasiona más de un dolor de cabeza a los sectores ecologistas.
Es raro encontrar
hoy día un escritor que no disponga de una computadora -propia
o prestada- para llevar adelante su tarea. Nos estamos despidiendo tanto
de Guttemberg como de las plumas y las Underwood, lo que no deja de ser
algo beneficioso, siempre y cuando se atienda más el producido
que la herramienta en sí. ¿Por qué preocuparse por
la desaparición del libro si las ideas siguen siendo relevantes?
Antes bien deberíamos preocuparnos por otro fenómeno característico
de nuestra era: la monoplanarización del pensamiento, la pérdida
de la perspectiva holística, el matrimonio de la estupidez con
la riqueza, síndrome latente e inconfundible en muchos medios de
comunicación.
La informática
-como la semiótica- es una ciencia imperialista; no por su carga
ideológica, sino por la cantidad de áreas y disciplinas
que invade en su desarrollo, y esto ya representa una ventaja de por sí.
Atendamos nuestros asuntos y dejemos de pensar que la nostalgia ya no
es lo que era.
Para los
que recorren caminos con corazón, poco importa si no lo hacen a
pie.
|
|