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2001 Odisea del espacio aéreo invadido (Abril 2001)
 
     
 

Avión espía norteamericano viola ostensiblemente el espacio aéreo chino. En su derrotero voyerista impacta con un caza chino que pasaba por ahí, derribándolo. Avión espía y tripulación espía aterrizan de emergencia en una base militar china. El piloto chino es dado por muerto.
El presidente Bush dice que son cuentos chinos y se niega a pedir disculpas por su acto de espionaje, única exigencia de las autoridades de Beijin para liberar a los intrusos. Acostumbrado al trato típico con las republiquetas, el hijo del autor de la madre de todas las guerras, ensaya una intransigente escalada verbal bajo la mirada paciente y milenaria de los chinos. Poco a poco, la intransigencia norteamericana se transforma en transigencia ante la manifiesta intransigencia china que continúa reclamando, sin tanta verborragia, un pedido de disculpas imprescindible teniendo en cuenta que hace apenas dos años EEUU destruyó la embajada china de Belgrado "por error", en el marco de los bombardeos sobre Yugoslavia.
Dos aspectos retóricos caracterizan estos incidentes. Por un lado la arrogancia norteamericana, cargada de hipérboles y amenazas constantes, que conduce fatalmente a despropósitos trágicos en el nombre de la "libertad" y la "justicia". El innecesario castigo a Japón al término de la segunda guerra mundial materializado en la destrucción atómica de Hiroshima y Nagasaki —con cientos de miles de víctimas inocentes—, fue sólo una advertencia a la creciente expansión del comunismo, una forma norteamericana de decir "miren lo que les pasa a nuestros enemigos".
Y por otro lado, la ironía oriental, fundada en la noción de que el tiempo no es más que una ilusión. Si se sabe esperar lo suficiente, el cadáver del enemigo pasará ante nuestra puerta.
Después de Vietnam, la arrogancia debería al menos reconocer sus limitaciones.

 

 
     
 
El director
 
     
 

La falta más grave es no tener conciencia de ninguna.
ALBERT EINSTEIN

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